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CIE, el lugar donde acaban los sueños

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Entre naves industriales y el ajetreo de los camiones, el CENTRO DE INTERNAMIENTO DE EMIGRANTES (CIE) de zona Franca se abre paso para un día de malas noticias, es el momento de comunicar el final de una aventura.

Si algo nos esta enseñando la crisis, es que abandonar el país de origen no es fácil y ser abogado en extranjería… tampoco. Aquellos quienes entienden la profesión como un ejercicio de responsabilidad lo entenderán.

Hace unas semanas mi teléfono sonó con la esperanza de una entrad

a en el descuento para conseguir ese balón de esperanza. Al escuchar donde debía asistirle, lo supe, no tenia posibilidades pero podía pelear. Cuando cruzas las verja es como una puñalada, éste es el lugar donde se acaban los sueños.

Mi cliente había llegado a España en busca de una oportunidad, de un trabajo que no llego, de una vida vista en televisión, la cual ya no existe ni para nosotros ni para ellos. Un buen día le pararon en la calle, carecía de papeles y quién le asistió únicamente llegó a hacer las primeras asistencias, abocándole a una ida sin retorno, nadie se molestó en explicarle pasos a seguir, formas de remediar su situación pero como no pasó nada, nadie se preocupó hasta que pasó.

Muchos no son conscientes de las consecuencias, pese a insistirse en que el CIE no es una prisión, lo es. Es el lugar donde esperan ese billete que los devolverá al lugar donde de un día huyeron, un sitio donde dejan de tener nombre para ser un número, el lugar donde se acaba la aventura.

Yo entré para dar malas noticias. Mientras comunicaba la de decisión, veía como el cliente aguantaba la compostura, como los nervios y la ira se apoderaban de su persona y rompía a llorar. Te dan las gracias y no puedes evitar el regusto amargo,  ese que te acompañará inexorablemente durante el ejercicio de la profesión, cuando comunicas el fin de un sueño, el cese de la libertad o la pérdida del objetivo.

Mientras la valla se cerró a mis espaldas, volvió a mi cabeza una frase de disculpa escuchada hace tiempo “hasta Dios se equivoca”.

El ejercicio de nuestro trabajo, no es sólo de cara a la galería, pero muchos se pierden la parte de ejercicio responsable cuando no le dan importancia a visitar al cliente en el Centro donde se les interna,  cuando rehúyen las malas noticias y cuando se pierden ese gracias por haberlo intentado.

Y todo esto, mientras se cerró la verja del Lugar donde se acaban los sueños.

“Mi Libertad empieza donde acaba la tuya”

Es una forma extraña de comenzar, probablemente ni siquiera lo que esperan de éste artículo que también será el primer post de mi blog. “Mi libertad empieza donde acaba la tuya”. Esa frase ha resonado en mi cabeza desde el primer día que la escuche, no sólo por la persona que la dijo, a la cual le tengo un especial afecto, no sólo porque era tan joven que desde la perspectiva que me están dando los años y profesión observo la multitud de matices que no comprendí en su momento.

Quizás sorprenda pero el día que inicié mis estudios de Derecho,  entendí esa frase. Comprendí que eso resumía claramente el bloque de Derechos Fundamentales que nuestra Carta Magna ofrece a todos y cada uno de los ciudadanos que nos encontramos amparados por ella. Y es que, cada uno de nuestros Derechos Fundamentales encuentra su límite en los Derechos Fundamentales de los demás,  es decir, que entre ellos se modulan para que en caso de derechos contra puestos encontremos un equilibrio y razón para emitir un dictamen. Es evidente en casos de Libertad de expresión y Derecho al Honor, en los que se ha de confrontar ambos Derechos, teniendo en cuenta que la información contenida en las afirmaciones sea veraz  y contrastada para así menguar la protección ofrecida por el Derecho al Honor que todos ostentamos.

Asimismo, “mi libertad empieza donde acaba la tuya” me ha servido, no únicamente para comprender nuestro cuerpo legislativo, sino para aplicarlo a mi día a día, como forma de respeto y límites. Una manera de afrontar la vida, de respetar al contrario, de seguir unos valores que en muchas ocasiones brillan por su ausencia.  De desafíos que únicamente son muestras de altanería frente a una entidad menor cuya voluntad no es coartar la libertad, sino enseñar, educar o simplemente guiar en esta vida, porque no nos engañemos todos estamos perdidos buscando nuestro lugar, ese espacio concreto donde desarrollar nuestra personalidad sin trabas, con LIBERTAD.

Que mi libertad empiece donde acaba la tuya, o viceversa, no es un manera de “robar” Derechos, sino de modulación de los existentes, para no truncar la convivencia en esta, nuestra sociedad.